Weird Star Wars

Mi afición al rol viene de largo. Recuerdo mi primera partida a El Señor de los Anillos de la editorial catalana Joc Internacional, en el año 1991. El director de juego era mi amigo Juanma; tengo que agradecerle que me abriese esta hermosa puerta a la imaginación y que, después de tanto tiempo, siga formando parte de mi grupo habitual de juegos. Éste último, por cierto, no ha cambiado demasiado desde mediados de los 90.

En todas sus distintas encarnaciones, mi grupo de juegos siempre fantaseó con jugar una campaña larga. Pero éramos inconstantes. Nos gustaba jugar una aventurilla a algún juego para después pasar enseguida a otro. Había, sobre todo, muchas ganas de probar con distintas ambientaciones y géneros fantásticos. A la hora de aplicar las reglas éramos más bien laxos, pues nos interesaban las historias y, sobre todo, hacer el bandarra sin las consecuencias que ello tiene en el mundo real.

La nómina de juegos de rol que hemos testeado es tan extensa que no tiene sentido enumerarlos. Además, tengo la sensación de que hemos jugado a todo lo que merecía la pena desde el año 1991.

En el año 2015, con el estreno del Episodio VII de Star Wars, El Despertar de la Fuerza, volví a reactivar mi interés por este universo de aventuras espaciales. Compré el manual de Al Filo del Imperio, uno de los tres juegos contemporáneos ambientados en esta saga, y preparé la aventura de inicio que incluía. La jugamos en el 2016. En Al Filo del Imperio los jugadores interpretan a personajes del hampa de la galaxia: contrabandistas, pistoleros a sueldo, cazarrecompensas, mercenarios, piratas informáticos y otras gentes de mal vivir. A esta primera partida se apuntaron varios de los jugadores con los que he pasado décadas de tirando dados poliédricos: Juanma, Paco y Agustín. Pero también había una nueva adquisición: Alberto, bastante más joven que el resto, pero un jugador entregado e imaginativo. Con el tiempo también se han sumado mi pareja Estrella y nuestro director de juego de Vampiro: La Mascarada, David. En algunos momentos también hemos disfrutado de la presencia en la mesa de juegos de gente estupenda como Elisabet, Sergio, Samuel o Ayu, aunque los quehaceres de la vida real no les hayan permitido seguir con nosotros.

Durante estos años hemos jugado partidas intermitentes, cuando el tiempo y las obligaciones nos dejaban, que al final han ido conformando una campaña a la que he llamado Weird Star Wars.Weird” porque tiene un tono que se aleja del oficial de la franquicia galáctica. Muchos de nosotros empezamos a jugar a rol de ciencia ficción con el clásico Traveller y al final le hemos terminando dando una textura a nuestras partidas más propias de éste que de la sensibilidad de George Lucas o Disney.

Al cabo de nuestros tres años de juego, el elenco definitivo de personajes jugadores ha quedado compuesto por los siguientes elementos:

    • Percival “Percy” Adamcy: contrabandista, granuja y ladrón humano. Capitán del carguero YT-1300 Peligro Inminente, en el que se mueven los personajes para hacer sus correrías.
    • Gravitzek: técnico clandestino humano que en cada nueva sesión da muestras más claras de tener serios problemas de cordura.
    • Yannick “El Buscador”: fronterizo humano usuario de la Fuerza, obsesionado por buscar los vestigios de la Orden Jedi y con un sentido de la moralidad que choca de frente con la falta de escrúpulos del resto de sus compañeros.
    • Ratt de Monty: ladrón twi’lek procedente de una familia aristócrata de Ryloth. Lascivo, pícaro y terriblemente simpático.
    • Alura Galen: contrabandista twi’lek igual de lasciva que Ratt, que se sumó a la compañía con el objetivo de recuperar su nave, arrebatada por un hutt al que debe mucho dinero.
    • Herom Bandalla: la última en sumarse a la tripulación de la Peligro InminentePiloto y mecánica también de la especie twi’lek. Astuta, observadora y ambiciosa.

Durante su recorrido por la galaxia, la tripulación de la Peligro Inminente ha estado en lugares del canon de Star Wars como las minas de Kessel, el planeta Mandalore o la estación espacial La Rueda. Pero también han aterrizado en sitios de mi propia creación como el planeta Kokandri, para cuya construcción me inspiré en la Cuba anterior a Fidel Castro; o en el siniestro planeta Genelorn, que parecía haber salido de los feudos de la Casa Harkonnen de la novela Dune.

Han conocido a personajes pintorescos como el aristócrata Sir Jan de Urus, su amada corista twi’lek Sheera o el capo del sindicato criminal Sol Negro que la tenía prácticamente apresada, un tipo muy dado a cumplir sus amenazas así como a generar escenas memorables. Los jugadores se desternillaban cuando se dio una situación de comedia en la que el sin par Ratt de Monty se disfrazó de Sheera en el justo momento en el que el líder mafioso la llamaba para decirle cochinadas a la vez que levantaba pesas.

Últimamente se ha comentado mucho en el grupo que vamos siendo muy viejos para seguir jugando a rol. Es verdad que demasiada gente de nuestro entorno ha tenido que retirarse de la mesa de juegos, ya que cada vez es más difícil poder dedicarle el tiempo que requiere.

Y aunque no soy muy optimista con el futuro a medio plazo de la grupo, sé que vamos a aprovechar el tiempo que nos quede juntos, sea el que sea. Solo por las risas, el buen rollo y las enjundiosas conversaciones posteriores a las partidas merece la pena seguir viéndonos.

Ilustración: Alberto Peral

Star Wars Rebels: Temporada 4

Anoche hice algo poco común: terminé una serie de televisión. Sí, así como lo escribo. Terminé una serie que he seguido desde el primer capítulo hasta el último, definitivamente el último, en su cuarta y ultimísima temporada.

No tiene mucho mérito, ya que es una serie de dibujos animados de la Malvada Corporación Disney. Ójala hubiese sido la sesuda Breaking Bad o la elegante Mad Men, incluso la obligatoria a la par que deprimente The Handmaid’s Tale. Pero no, a estas alturas cotizo poco en el mercado de referencias intelectuales. He disfrutado como un chaval viendo el desenlace de Star Wars Rebels.

Desde que la Malvada Corporación Disney se hizo con la franquicia galáctica ha pasado de todo. No voy a hacer una reflexión al respecto, excepto señalar que la mayor parte de la gente ajena al fandom está saturada de este universo ficticio y que si la cosa sigue así, los ejecutivos disneisianos van a conseguir que esta lejana galaxia implosione. Creo que muchos haters pagarían por verlo.

Me atrevo a decir que Star Wars Rebels es el mejor producto audiovisual de la etapa Disney de la franquicia galáctica. Simplemente por un motivo: porque conserva intacta toda la magia que tenían las películas originales, como si no se hubieran sumado capas y capas de historias innecesarias a la idea de partida.

En muchas ocasiones pienso en cómo introducir a mis sobrinas Amelia y Berta en esta mitología. Me sigue pareciendo que la mejor forma es ponerles la trilogía original, aunque para unas niñas del siglo XXI quizás resulte cine muy antiguo, con unos efectos especiales rancios. Las precuelas que hizo George Lucas son para seguidores hardcore, con demasiada política y muy poco cine. Considero que la nueva trilogía, estando diseñada para la generación de nuestros hijos, es directamente una porquería: una mala copia de las películas clásicas y sin gracia.

Creo que Star Wars Rebels tiene todo lo que a un niño le puede entusiasmar: héroes carismáticos, villanos estupendos, una aspecto visual sobresaliente y mucho sentido de la maravilla. Te puedes enamorar de guerreras valientes como la mandaloriana Sabine Wren, de estudiantes de la Fuerza dubitativos como Ezra Bridger o de alienígenas forzudos como Garazeb “Zeb” Orrelios. También puedes temblar de miedo con el siniestro Gran Inquisidor o rendirte ante la maldad con estilo del Gran Almirante Thrawn. Hay héroes y villanos para todos los gustos.

Para los que llevamos más tiempo en esto (¡ejem!, toda la vida…) Star Wars Rebels profundiza en los secretos de la galaxia, presentando nuevos mundos, personajes atractivos y, sobre todo en la última temporada, aspectos de la Fuerza nunca antes mostrados. Solo por permitirnos ver los secretos que guarda un templo jedi en su interior, los brillantes guionistas de la serie se han ganado un trocito de mi corazón.

Más información: https://es.wikipedia.org/wiki/Star_Wars_Rebels

Los últimos Jedi o cómo sentirse viejo de una manera muy tontorrona

Soy un fan sin remedio de Star Wars. Mis familiares y amigos lo sufren, unas veces en silencio y otras haciéndomelo saber.

El hecho de que Disney comprase los derechos de la franquicia y se pusiese a vender películas, dibujos animados y muñequitos a cascoporro me pareció la mejor manera de revitalizar la saga y proporcionarme la cantidad de juguetes al año que como buen fan necesito. En ese ardor friki me hice con los tres juegos de rol que hay ahora a la venta y empecé a dirigir una campaña un tanto perversa para mi club de juegos de mesa, en el sentido que le quise dar un tono adulto que los productos oficiales no tienen. Pero esta entrada trata sobre cine, no sobre coleccionismo, así que no voy a seguir desviándome del tema.

En cuanto a las nuevas películas con el sello Disney, fui al estreno de El despertar de la Fuerza (2015) con emoción y Rogue One (2016) me cautivó en el segundo visionado. No obstante, Los últimos Jedi (2017) me ha dejado con un sabor agridulce. Y no debido precisamente a la falta de pericia del director Rian Johnson, pues creo que ha rodado uno de los mejores episodios de la saga. Mis motivos son, de nuevo, sentimentales.

Luke Skywalker siempre fue mi personaje favorito de la saga. El mito de ese niño de un planeta inmundo que terminaba convirtiéndose en el último Caballero Jedi me ha acompañado durante toda la vida. La mayor parte de los chavales de mi generación querían ser Han Solo, pero yo prefería a Luke, vestido como un cura en El retorno del Jedi (1983), haciendo increíbles proezas de la Fuerza y salvando finalmente al monstruo de su padre de su condena espiritual.

Pues bien, en esta última película resulta que Luke ha fracasado por completo como Jedi; ha ayudado a crear al ser más poderoso del Lado Oscuro del momento, su sobrino Kylo Ren; es tal su decepción vital que se ha retirado a una isla en un planeta perdido donde unas monjas alienígenas parecen hasta lavarle la ropa y, lo peor de todo, se ha desconectado de sus responsabilidades hacia el resto de la galaxia.

Todo esto sería un tremendo desatino con respecto al personaje si no fuese porque esta película habla de algo que no nos suele gustar a los fans de Star Wars: dejar morir el pasado y abrirse a lo nuevo.

Cada vez tengo más claro que la nueva trilogía no está hecha para las personas de mi quinta (la desaparecida para los medios Generación X), sino para nuestros hijos. En el nuevo universo de Star Wars, la religión es innecesaria, pues Rey es capaz de ser una Jedi completa sin ningún tipo de formación y, mejor aún, sin adoctrinamiento. El cuidado por las especies alienígenas no inteligentes se convierte en un eco de la lucha de los animalistas en el mundo real. Los personajes realmente importantes son mujeres fuertes que continúan de forma natural e intuitiva el legado de la Orden Jedi o dirigen con pasión y determinación lo que queda de la maltrecha Resistencia. No hay ya espacio para viejas estructuras heteropatriarcales como un Consejo Jedi compuesto casi únicamente por representantes masculinos.

Mi conclusión tras ver Los últimos Jedi es que el mundo de mi infancia se ha acabado para dar el relevo al mundo de la infancia de nuestros hijos y sobrinos, un lugar muy diferente con otras reglas, otra forma de hacer las cosas más igualitaria y otros héroes más diversos en cuanto a orígenes genéricos y étnicos.

En este momento me siento como ese Luke envejecido, el último representante de una religión que nadie recuerda ni necesita, con un cierto sabor a fracaso en la boca, pero dispuesto a echar una mano a la galaxia cuando realmente se me necesite. Si es que eso está realmente por ocurrir. Si no, seguiré bebiendo mi leche verde de león marino interplanetario y trataré de no dar más trabajo de la cuenta a las pobres monjas alienígenas.