Retorno a la Tierra Media

La Tierra Media siempre nos está esperando. Los que caímos bajo el hechizo de magia blanca del profesor J.R.R. Tolkien sabemos que tenemos un segundo hogar literario tejido con el hilo de las mejores leyendas del norte de Europa. 

Mi amigo Agustín Lozano, escritor y librero militante, es uno de los mayores expertos sobre Tolkien que conozco en mi entorno. Sus ensayos me han señalado aspectos que no conocía de  la obra del profesor inglés. Sus partidas de rol ambientadas en la Tierra Media siempre han tenido un aroma auténtico a tabaco de pipa hobbit y a otoño en La Comarca. Pero donde más hemos aprendido sobre este mundo fantástico y su autor es en nuestras conversaciones. Emulando los diálogos del mismo profesor con su amigo C.S. Lewis, hemos hablado del significado político, religioso, incluso estético de El Señor de los Anillos, El hobbit y El Silmarillion.

Esta entrada de blog surge a partir de nuestra última conversación sobre el tema, una mañana de sábado soleado en una cafetería junto a la librería Tusitala, que regenta mi amigo. Los dos llevábamos un tiempo preguntándonos qué lecturas de la obra de Tolkien son útiles en un presente distópico y pandémico como el del 2020. Coincidíamos en que el conservadurismo político y la interpretación tradicional de la religión católica de Tolkien en su vida privada están muy lejos de nuestros planteamientos políticos y filosóficos. Pero lo que nos interesaban realmente eran sus textos y en ellos el profesor supera esta estrechez de miras. Coincidimos en tres ejes fundamentales de su obra rescatables para un presente progresista.

  1. La defensa de un progreso alternativo compatible con la ecología.

A Tolkien se le ha acusado muchas veces de defender un sistema de gobierno feudal. No obstante, algunos vemos en sus textos una crítica a una versión de la modernidad industrialista y desconsiderada con el medio ambiente. Tolkien no era un reaccionario que vivía en una cueva, sino un profesor de universidad adaptado al siglo XX. No obstante, vivió los horrores de la Primera Guerra Mundial de primera mano, y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial de segunda. Tenía la intuición clarísima de que el camino emprendido por la modernidad de tratar al hombre y a la naturaleza como máquinas terminaba en los horrores de la Guerras Mundiales. Y no vivió lo suficiente para ver el grado de deterioro medioambiental que sufrimos actualmente.

Si quitamos el envoltorio medievalista de la Tierra Media, nos encontramos con un mundo donde los héroes están conectados con la naturaleza que les rodea y la defienden de aquellos que la instrumentalizan para sus fines egoístas, como los villanos Saruman y Sauron.  

Por otra parte, La Comarca, el territorio tranquilo en el que viven los hobbits, es una democracia. Pero no se rige por un sistema económico capitalista radical y miope como el nuestro en el mundo real, sino por otro cercano a la tierra que trata de respetar el ecosistema. Ambos pensamos que este es el auténtico sistema de gobierno que defendía el autor, uno en el que el progreso de la civilización era compatible con la ecología.

2. La puesta en valor del comunitarismo frente al individualismo.

También se ha acusado al profesor de ser racista. Quienes lo hacen no suelen saber que los jerarcas nazis del mundo real intentaron alistar a Tolkien para su causa y él les respondió con una carta de rechazo abierto a todo lo que ellos pretendían y significaban. En El Señor de los Anillos encontramos más bien una emulación de aquellos textos cristianos medievales que tanto gustaban al profesor en los que las fuerzas espirituales del bien se enfrentaban a las del mal. Orcos y demás razas malignas representan los aspectos menos equilibrados del propio ser humano, la negatividad encarnada.

La apuesta política de Tolkien es sin duda comunitarista. El profesor cree que solo la unión de los distintos pueblos, razas y culturas pude vencer a una amenaza tan grande como el país de Mordor. Por eso presenta a humanos, enanos y elfos, pueblos que se han odiado durante siglos, tendiendo puentes de diálogo y uniéndose en la Compañía del Anillo para vencer al Señor Oscuro. Hay una llamada a la camaradería y al sacrificio individual por un bien comunitario mayor. Es un discurso opuesto al individualismo egoísta que impera en gran parte de nuestra cultura presente.

3. La hibridación de elementos cristianos y paganos en su mitología.

Quizás uno de los puntos más fascinantes de la obra del profesor es cómo supo mezclar de forma armónica elementos del cristianismo y de los paganismos celta y nórdico. Este eclecticismo tan contemporáneo sigue inspirándonos a muchos a día de hoy. En mis investigaciones espirituales he llegado a encontrar una corriente del neopaganismo, llamada cristopaganismo, que combina elementos cristianos y paganos, donde muchos seguidores afirman estar influidos por las obras de J.R.R. Tolkien y de su amigo C.S. Lewis. Al contrario que el segundo, nuestro autor no pretende hacer alegoría sino presentarnos un cuerpo de leyendas nuevo alentado por ambas tradiciones pero independiente. Por eso funciona por igual para cristianos, paganos, ateos y agnósticos.

La obra de Tolkien es un ejemplo en espiritualidad verde hecha literatura. Las hadas, los animales, hasta los árboles tienen voz en este cuerpo de leyendas. Son fuerzas de la naturaleza que apoyan mediante actos decididos a los pueblos humanoides en su lucha contra la negatividad, decantando la balanza a favor del equilibrio. Se podría decir que la obra de Tolkien está impregnada de un saludable animismo cristiano. El autor veía en la naturaleza una expresión viva de lo divino y así lo transmitió a sus lectores. 

Sobra decir que la obra de Tolkien es inmensa. Podríamos escribir muchos libros desgranando sutilezas o iluminando pequeños rincones casi desconocidos pero llenos de significado. No obstante, mi objetivo en esta entrada de blog es señalar tres de las múltiples razones por las que mi amigo y yo creemos que Tolkien debe seguir siendo leído. Esperemos que sea así y que nuestros hijos y sobrinos compartan nuestra pasión a la hora de recorrer la Tierra Media. También que puedan aprender de la sabiduría que el viejo profesor codificó en cada una de sus historias.

Las tiendas especializadas

Hace muchos años que tengo un sueño recurrente: estoy en una tienda especializada donde parece que puedo encontrar todas la versiones de los cómics, juegos de rol y libros de ficción especulativa que pudiera imaginar. Cada vez que visito ese reino onírico, siento la misma emoción de cuando era un niño y mis padres me llevaban a la juguetería Las Tres Campanas de Badajoz. ¡Hay tantos mundos que navegar, tantas ideas por explorar, tantas pasiones que vivir,  tantos buenos ratos futuros de juego con los amigos!

Volviendo al mundo real, creo que la primera vez que pisé una tienda especializada fue en Madrid, a principio de los 90s. Por entonces padecía una dolencia complicada de tratar y necesitaba ir todos los meses a un especialista de la capital. Era un viaje que no quería hacer, en una situación indeseada para una persona tan joven. Pero mi padre, que siempre ha sido una persona empática y compasiva, me llevaba después de la consulta a una de esas primeras tiendas frikis para aliviar lo desagradable de la situación. Y entonces, el viaje merecía la pena. En aquellas tiendas me recibían los carteles de Star Trek: The Next Generation que en aquel momento me parecía una franquicia muy yanqui a la que no terminaba de pillarle el punto. En el interior del establecimiento podía encontrar cómics Marvel, DC, Vertigo o de Hellboy que todavía no se habían publicado en español. O los últimos módulos en inglés de Advanced Dungeons & Dragons, el juego de rol que dirigía. Como buen adolescente rebelde pero introvertido, estaba pasando mi “etapa gótica”. La ambientación Ravenloft de AD&D, que combinaba fantasía épica con terror gótico, parecía escrita para mí. Sigo teniendo los manuales, que ahora me parecen una reliquia kitsch de esa década mágica; las pocas veces que los ojeo me sonrojo, no sé si de vergüenza ajena o de ternura. A veces me aventuraba a comprar algún manual de rol de editoriales independientes norteamericanas, normalmente impublicables en español, y sorprendía a mis jugadores badajocenses con una nueva ambientación en la que dar rienda suelta a nuestra nerdosa y febril imaginación.

En la última década Internet ha democratizado el acceso a este material, y puedes adquirir lo que quieras en formato PDF por un precio muy razonable. Pero para mí las tiendas especializadas siguen siendo sitios llenos de magia y encanto, puntos de encuentro donde conocer la obra de nuevos autores y diseñadores de juegos o donde echar un rato agradable de charla con otras personas de tu misma tribu subcultural. No soy muy dado a jugar en ellas, ya que prefiero hacerlo en mi casa con mis amigos de siempre. Pero reconozco que en muchas ocasiones también ejercen de centros de reunión social para personas que quizás resultan demasiado extrañas por sus gustos culturales en contextos más convencionales.

Posiblemente, mi tienda especializada favorita es Gigamesh, en Barcelona. Un auténtico paraíso friki donde puedes encontrar desde libros descatalogados de ciencia ficción a las últimas novedades roleras importadas directamente desde yanquilandia. Siempre que voy a Cataluña, hago una parada obligatoria en esta tienda y hago arder un poco la tarjeta de crédito.

Es agradable comprobar que estos establecimientos ya no son únicamente refugios de hombres veinteañeros vestidos de negro con gafas de lentes gruesas, melenas grasientas y cara de no saber lo que significa la palabra “teta”. Creo que desde principio de la década del 2000, la tribu friki abrió sus puertas, y pudieron entrar steampunks, cosplayers y personas de cualquier género y orientación sexual. Ha pasado a la historia la obligatoriedad de cumplir con el voto de castidad heterosexual que parecía ser la norma para formar parte de la Iglesia del Dado Poliédrico. 

Dentro de mi lista de propósitos frikis, aún me quedan unos cuanto ítems por chequear. El principal es el de asistir a alguna convención grande de ciencia ficción, cómics o juegos de rol. Debe ser como ir a una tienda especializada pero reconcentrado. He leído que quienes llevan actualmente los juegos de rol de la línea Mundo de Tinieblas en España quieren hacer algo gordo en Madrid este año. Si es así, no me lo pierdo. Ya informaré debidamente en este blog.

¡Tertúliense!

Hace dos semanas supe que la librería Montevideo, regentada por mi amigo Julio Abelenda, cerraba sus puertas definitivamente. Mantener una librería es un oficio complicado en esta época donde Amazon y las descargas ilegales hacen una competencia difícil de neutralizar. Además, los hábitos de consumo cultural parecen estar cambiando muy velozmente: el tiempo que antes dedicábamos a leer un libro de relatos o una novela lo ocupamos cada vez con más frecuencia en ver series de televisión o en jugar a videojuegos.

Pero en vez de ponernos a llorar juntos por los tiempos pasados o por nuestra dificultad de adaptarnos a los nuevos, hemos celebrado los tres años de aventura de la librería como buenos hombres del siglo XIX que somos: celebrando el miércoles pasado una última reunión de nuestra tertulia literaria. En esta ocasión convocamos a los amigos que llevamos juntándonos desde el año 2001 y a aquellos nuevos que ha atraído la Montevideo y que ya forman parte del grupo por derecho propio.

La verdad es que este encuentro tuvo poco de literario. Los temas que pasearon fueron principalmente asuntos personales, películas, series de televisión, cómics y alguna referencia a nuestras últimas lecturas de ciencia ficción. Da la impresión que los mismos tertulianos que entramos en el siglo XXI un tanto descolocados nos estamos adaptando la las tendencias culturales contemporáneas.

Lo que resultó realmente hermoso fue el hecho de reunirnos casi todos los integrantes de esta tertulia, que ha pasado por fases muy distintas: una primera, de tertulia literaria hardcore; una segunda, de tertulia de ciencia ficción; y una tercera, de mezcla ligera de todo lo anterior. Allí estábamos, lectores y amigos de edades muy distintas, visiones del mundo de lo más variadas y gustos culturales que a primera vista parecen incompatibles. La librería Montevideo se acabará, pero la tertulia sigue.

Julio Abelenda empieza una nueva aventura profesional en Lisboa. Le deseo mucha suerte pero, sobre todo, le pido que escriba un blog contando su experiencia. Aparte de librero afinado, es un escritor estupendo. Espero que nos narre como él solo sabe sus epifanías de los domingos y sus ganas de pegarse un tiro de los miércoles. Va a vivir en una de las ciudades más hermosas y más tristes de Europa, lo que solo puede proporcionarle material literario de primera categoría.

Al resto de los tertulianos les pido que continuemos con nuestras costumbres, aunque sea solo una vez al mes. Existe por ahí una novela corta de ciencia ficción que Ángel quiere que leamos y comentemos. Yo me comprometí meses atrás a hacer un monográfico sobre Clark Ashton Smith, poeta simbolista, escritor de fantasía decadente y tipo realmente curioso. Hay amistad y literatura para rato.

A veces tengo la impresión de que la historia de nuestra tertulia es un resumen del paso por la vida de los distintos componentes de la misma. Nos conocimos siendo unos jóvenes románticos y algo ingenuos. La vida real nos dio grandes zarpazos, hiriéndonos. Pero hemos sabido curarnos en su momento y ahí estamos con nuestras cicatrices de paladines o mercenarios, depende del caso, haciendo todos gala de veteranía. Lo realmente trágico en nuestra trayectoria conjunta fue la pérdida de uno de nuestros mejores tertulianos, Quintín. Pero siempre ha estado presente; en esta última reunión José Luis llevaba su bufanda, como muestra de que nunca se irá del todo.

En el universo de los cómics Marvel, los Vengadores tenían un grito que invocaba a toda los componentes del super-grupo: Vengadores, ¡reuníos! Nosotros tenemos uno propio acuñado por el sin par Julio Abelenda: ¡Tertúliense!

Ursula

Esta mañana me he levantado con una noticia muy triste. Ursula K. Le Guin, la gran escritora de ciencia ficción, fallecía el lunes a los 88 años en su casa de Portland.

No voy a hacer un repaso por su obra, ya que muchos lo están haciendo en este momento, casi seguro que mejor de lo que yo podría.

Me gustaría expresar mejor lo que Ursula y su obra significan para mí.

En cuanto a escritora, Ursula representaba el humanismo en la literatura de ficción especulativa. Su enfoque de la fantasía y la ciencia ficción siempre se acercó más a la filosofía, la psicología y la sociología que a la ciencia y la tecnología. Soñaba con mundos alternativos en los que los protagonistas, casi siempre dotados de psicologías convincentes y de una gran humanidad, hacían frente a dilemas éticos y filosóficos o  a retos sociológicos. No le interesaba la violencia, y en su saga de fantasía, Terramar, las aventuras eran sobre todo espirituales; rara vez se vertía sangre.

En cuanto a mujer, Ursula fue una persona avanzada que introdujo en el lenguaje más bien machista y conservador de la ciencia ficción dos palabras: feminismo y anarquismo. Fue una abanderada de  ambas filosofías, y desarrolló largamente sus posibilidades teóricas en sus novelas, relatos y discursos. Pero Ursula no era una mujer indignada sino tranquila, en parte porque seguía los principios del taoísmo; gracias a ella tenemos una de las mejores traducciones del Tao Te Ching, el libro principal de esta corriente de sabiduría oriental.

A principio de la década del 2000, cuando yo era todavía joven y me planteaba empezar a escribir, solía hacer listas de cosas: libros por leer, relatos por escribir, revistas a las que mandar mis relatos, etc. Una de estas listas, cómo no, era la de mis autores favoritos de ciencia ficción. Tuvo varias versiones, pero siempre hubo tres autores que no cambiaban y que estaban a la cabeza: Ursula K. Le Guin, Ray Bradbury y Philip K. Dick. El lunes, mi amiga Ursula dejó este mundo, que viendo su deriva seguro que le resultaba ya muy feo, y entró en un parnaso doble: el de los autores inmortales de la ficción especulativa y el de los grandes autores norteamericanos del siglo XX.

Aunque ya no estés aquí físicamente, te seguiré leyendo, amiga Ursula. Tu narrativa fantástica, literaria a la vez que serena, seguirá siendo un modelo para escritores actuales y por venir. Tu vida, consagrada a poner lo mejor del ser humano en valor, es un ejemplo muy necesario en una época en la que el nihilismo y el hedonismo más estúpido campan a sus anchas.

Siempre te tendré en el corazón, contadora de mitos.