Sofía

¿Y si Dios tuviese una faceta femenina?¿Y si el Padre celestial fuese también Madre terrenal? 

Existe una figura sagrada en la tradición esotérica cristiana que es Sofía, el aspecto femenino de Dios. A ella no se llega a través de la teología o la filosofía sino mediante la intuición. Es celestial y trascendente, pero también terrenal e inmanente.

La primera vez que leí sobre Sofía en un contexto cristiano, aunque alternativo, fue en el libro del sacerdote anglicano y druida Shawn Sanford Beck titulado Christian Animism. El autor defendía una forma de cristianismo concienciado con la naturaleza y aseguraba estar inspirado por Sofía. El libro me pareció cálido y hermoso, sentía que hablaba mi lenguaje. Me quedé con la incógnita de qué sería esa Sofía que iluminaba una senda espiritual tan bella.

Investigué en Internet sobre Sofía, comprobando que muchas mujeres y algunos hombres la viven como una presencia real en su día a día. Finalmente, di con un libro publicado por la editorial Kairós en 1999 titulado Sofía: Aspectos de lo divino femenino, escrito por una autora desconocida para mí, Susanne Schaup. El libro estaba amarillento. Parecía que había hecho un viaje desde un pasado lejano para llegar a este presente distópico de 2020.

Al principio no me sentía cómodo con el lenguaje de la autora pues me parecía que defendía una versión del feminismo un tanto trasnochada. Pero seguí leyendo y conforme avanzaba me daba cuenta de que esta autora estaba imbuida por el espíritu sofiánico, hablando desde la intuición. Por un momento me sentí como los protagonistas de The Matrix entendiendo algo de la realidad oculta de esta simulación perversa llamada civilización patriarcal.

Soy un hombre y nunca podré entender completamente las experiencias tanto buenas como malas de una mujer. No podré tampoco percibir la realidad desde una perspectiva estrictamente femenina. Pero sí podré acompañar, ser un aliado de lo femenino. Y, en ese sentido, empiezo entender el sufrimiento, la marginación y el terror impuestos a las mujeres durante siglos de autoritarismo patriarcal.

Sofía existía antes de ser llamada Sofía por los sabios griegos. Era la gran diosa Isis de los egipcios y la Parvati de los hindúes. También fue la Pachamama andina o la Kannon de los budistas japoneses. Pero hay una manifestación de Sofía que me fascina especialmente: Lilith, la diosa de la Antigüedad que se rebela contra el orden patriarcal y es condenada por ello,  convertida por las autoridades eclesiales en una entidad demoníaca. Lilith representa los aspectos ocultos y oscuros, que no malvados, de lo femenino. Está enfadada, y con razón, ante siglos de injusticias hacia las mujeres. El patriarcado la teme y las culturas alternativas la tienen como patrona.

En mi entorno, la manifestación sofiánica más evidente es la Virgen María del catolicismo. Esta santa ha servido como modelo de virtud a generaciones de mujeres españolas, y solo por eso se merece un gran respeto. Otra cosa es que la Iglesia católica haya utilizado su imagen para imponer su agenda de sometimiento ideológico, destacando como única virtud positiva de la mujer la sumisión mariana a la voluntad de Dios. Habría que rehabilitar a María quitándole las capas de caspa sacerdotal que ahora pesan sobre sus hombros.

Sofía es espíritu y cielo, pero también cuerpo y tierra. En ese sentido conecta con la Gaia de la religión neopagana, especialmente en su vertiente wiccana. Las autodenominadas “brujas” del neopaganismo son normalmente mujeres que basan su sabiduría en los viejos caminos de la intuición, no en los libros. Su conexión con el divino femenino es profunda y suele conllevar un respeto grande por la vida en todas sus manifestaciones. Comprenden la sabiduría de la tierra y del cuerpo, con su fluir cíclico, y la honran.

El mundo actual está necesitado de equilibrio entre los polos yin y yang, femenino y masculino, oscuro y luminoso, negativo y positivo. Para llegar a ese equilibrio, hombres y mujeres deberíamos practicar una suerte de alquimia espiritual en la cual hubiese una aceptación y respeto tanto de nuestros aspectos femeninos como masculinos. Creo que esta alquimia es más difícil en  el caso de los hombres, ya que se nos educa para negar cualquier rastro de feminidad y entender el universo desde un frío y mecánico racionalismo. Estamos necesitados de despertar nuestra intuición y reconocer el aspecto yin que siempre habita en nosotros en un grado u otro.

Voy a seguir estudiando a Sofía, ya que esta figura sagrada me reconcilia con la religión cristiana a la vez que me permite establecer un puente con la religión neopagana por la que cada vez siento mayor interés.

Aunque lo más importante que he aprendido de mis investigaciones sobre este tema es que hay que ser sofiánico en el día a día, no solo en la teoría. Honrar lo femenino con cada acto, con cada palabra, con cada comprensión. Ese es un reto importante para un hombre del siglo XXI. Cada pequeña acción en ese sentido es un paso grande en la pacificación de un mundo convulso.

Más información:

Sofía: Aspectos de lo divino femenino. Susanne Schaup. Kairós, 1999.

Humanismo panenteísta revisado

Hace un año publiqué en esta web un pequeño ensayo titulado Humanismo panenteísta en el que presentaba una aproximación a mi marco de referencia filosófico y espiritual.

Me ha parecido oportuno revisarlo y añadir unas líneas más basadas en mis últimas lecturas y experiencias. Aunque lo esencial del texto permanece intacto, creo que esta revisión se ajusta mejor a lo que a día de hoy pienso y siento.

Si tenéis un ratito para leer un ensayo corto pero con contenido filosófico, estaré encantado de compartir este mapa de mi territorio con todos vosotros. Podéis encontrarlo aquí: Humanismo panenteísta (2020).