The Matrix Resurrections

Atención: Esta entrada de blog contiene spoilers de la película The Matrix Resurrections.

Cuando hace dos años se empezó a hablar de que se estaba trabajando en una cuarta parte de la saga cinematográfica The Matrix, me di cuenta de que tenía muchas ganas de regresar a aquella mitología de ciencia ficción, una de las que más me han influido. No obstante, era una saga que lo había contado todo y de una manera bastante brillante. La daba por concluida, así que me extrañaba mucho que una nueva secuela pudiese llegar a buen puerto.

El argumento de The Matrix Resurrections parte de la idea de que Matrix tiene un nuevo jefe que vuelve a explotar a los humanos y de una manera mucho más eficiente. Neo y Trinity han resucitado y llevan vidas normales y corrientes sin ser conscientes de nada de lo ocurrido anteriormente. Neo es un diseñador de videojuegos con graves problemas mentales que asiste con frecuencia al psicoanalista y que se toma la pastilla azul todas las mañanas. Trinity es una madre de familia un poco pija hastiada secretamente de su marido. 

No voy a contar mucho más del argumento, pues ya he revelado bastante.

Voy a hablar de los dos aspectos de la película que me parecen novedosos y que le dan un giro de calidez a una saga hasta ahora bastante cerebral.

El primer aspecto a resaltar es la gran humanidad que reflejan este Neo y esta Trinity cincuentones. Neo es un hombre común, asaltado por las crisis psicóticas, que quiere un poco de paz mental. Entonces se reencuentra con una Trinity elegante y conversadora que no sabe quién es en realidad, y es cuando redescubre el auténtico motivo de su vida: el amor hacia ella. Neo ya no está interesado por conocer la auténtica naturaleza de la realidad ni por ser un héroe de ningún tipo. Neo solo quiere un poco de tranquilidad y de amor. Keanu Reeves borda el papel y transmite a la perfección esa simpatía caballerosa que lo caracteriza. Sabemos que Neo/Keanu lo pasa fatal pero jamás lo paga con nadie ni pierde su actitud respetuosa hacia un entorno social en el que se siente encarcelado.

La llamada a la paz es un tema recurrente en la película. Avanzada la historia, Neo conoce la nueva ciudad donde viven los humanos rebeldes y se lleva la gran sorpresa de que allí los humanos y las máquinas trabajan juntos. Y es que en esta cuarta parte de la saga hay máquinas benignas, aliadas comprometidas con la humanidad. A partir del sacrificio de Neo en la saga original, hubo máquinas que empatizaron con la humanidad y que abandonaron su papel de carceleras y explotadoras. The Matrix Resurrections corrige el maniqueísmo anterior y abre la puerta a un escenario en el que las máquinas y los hombres puedan colaborar en un mismo equipo y reconstruir el mundo que la guerra destruyó.

Quiero también señalar otros elementos interesantes en la película como el juego meta-cinematográfico continuo y una presencia del humor que se agradece. El Morfeo de esta cuarta entrega es un dandy que se ríe de sí mismo. Los tiempos de profeta cyberpunk quedaron atrás hace ya mucho.

Me da la impresión de que toda la película está hecha desde la amabilidad, desde la ternura y desde el corazón. Como ha señalado alguna persona de mi círculo de amigos frikis, The Matrix Resurrections es una película “bonita” y parece mentira que se pueda utilizar este calificativo con una entrega de la saga The Matrix

Mi enhorabuena para todas las personas involucradas en este acierto cinematográfico.

Star Trek: La serie original

A principios de enero de 2020, mi novia Estrella y yo nos propusimos vernos Star Trek: La serie original de principio a fin. Por entonces yo era un aficionado menor al universo trekkie: había visto todas las películas y la primera temporada de Star Trek: Discovery. Estrella había visto mucho más que yo y me aseguraba que yo era un trekkie en toda regla, solo que aún no lo sabía.

No nos imaginábamos que al poco tiempo de decidir afrontar nuestro reto televisivo friki, el mundo que conocíamos se iba a convertir en un sitio muy oscuro por culpa de cierto maldito virus. En unos días estábamos confinados en nuestras casas, con bastante susto en el cuerpo, y demasiado tiempo libre para ver televisión, jugar a juegos de mesa o discutir con nuestros amigos por las redes sociales. 

En contraste con lo que estaba pasando en el mundo real, Star Trek: La serie original era la plasmación en imágenes del sueño utópico de los años 60: una humanidad mejor que navega por las estrellas para  trabar amistad con otras especies, explorar y solucionar problemas, no para conquistar ni sacar réditos económicos. La serie me parecía irregular pero llena de encanto. Había episodios como La ciudad al final de la eternidad que eran historias clásicas de ciencia ficción de gran calidad. Jefes de la ciencia ficción como Robert Bloch, Norman Spinrad, Harlan Ellison y Theodore Sturgeon estaban detrás de esos guiones. Otros episodios,  en cambio, como el infame último capítulo, resultaban anacrónicamente machistas o simplemente ridículos. No obstante, Star Trek: La serie original siempre funcionaba como tónico. Ante cada nuevo episodio nos encontrábamos con dos posibilidades: que fuese una buena historia o una auténtica fumada con la que echarse unas risas. 

No voy a hacer una análisis técnico ni erudito sobre Star Trek: La serie original. Hay miles de personas haciéndolo en este momento. Seguro que se les da mejor que a mí y a estas alturas ejercer de geek meritorio me da mucha pereza.

De lo que sí quiero hablar es de Star Trek: La serie original como ritual. Mi pareja y yo hemos adoptado su visionado como ritual irónico, descreído y humorístico con el que combatir la distopía que parece tomar cuerpo ahí fuera. Sentarnos en el sofá bien juntos, compartir una manta para no pasar frío, encender la tele y buscar la serie en Netflix, rompe con la cadena de frialdades, rigores y malas noticias del día. Empieza la entradilla y muchas veces Estrella hace como si tocase los timbales sobre mi panza. Después viene la introducción del capítulo y ya sabemos si vamos a ver buena ciencia ficción o, en cambio, nos vamos a descojonar. Sea como sea nos agarramos de la mano y vamos comentando el capítulo conforme discurre. Estrella suele hacer hincapié en la relación homosexual encubierta entre el capitán Kirk y el Sr. Spock. Yo, normalmente, resalto el lado absurdo, bizarro y extraño de todo lo que estamos viendo. Y una vez acabado el capítulo, nos vamos a la cama indudablemente más felices.

No sé cómo se aproxima otra gente a Star Trek. A nosotros nos está funcionando tanto nuestra manera de hacerlo, que una vez acabada La serie original hemos comenzado con La nueva generación. Llevamos tres episodios y ya promete tanta extrañeza, ridículo y buen rollo como la de los años 60. 

Star Wars versus Star Trek

Me gusta pensar que de niño mis padres me regalaron dos tesoros culturales que con el tiempo serían sendos refugios contra las inclemencias y motivos para seguir hacia delante. Mi padre me regaló la poesía, especialmente el gusto por los clásicos de la Generación del 27. Mi madre me regaló la fantasía. Recuerdo ser el niño más feliz del mundo yendo con ella al estreno de Star Wars: El retorno del Jedi. Mi madre me ofreció una mitología, casi una religión, que se situaba en un futuro que a la vez era pasado, donde los héroes viajaban por el espacio o protagonizaban intensas búsquedas espirituales. Una mitología o una religión sin los lastres siniestros de las religiones del mundo real y donde el bien siempre ganaba al mal.

Star Wars fue mi mitología durante toda mi infancia y adolescencia. También mi “lugar feliz” donde retirarme cuando lo de fuera resultaba demasiado hostil para un joven demasiado sensible y demasiado romántico para lo que ya por entonces se estilaba.

Todo el mundo sabe que Star Wars fue comprada hace unos años por Disney y que, desde entonces, la corporación ha intentado sacar todo el provecho posible de la franquicia. Me ilusionó mucho el estreno de la primera película de la nueva trilogía, Star Wars: El despertar de la fuerza. Aproveché y renové todo mi material de rol, preparándome para un futuro brillante para mi mitología… que no llegó. Los ejecutivos de Disney odian el riesgo. En casi todos los productos que han sacado desde entonces repiten una y otra vez los mismos argumentos cambiando la cara y el nombre de los personajes. Exceptúo las series de televisión Rebels, que me pareció brillante, y The Mandalorian, aún en curso y que quizás sea la única vía de salvación digna de la franquicia. Por lo demás, hay un uso de la fórmula mágica una y otra vez hasta el hartazgo. Aunque quizás, lo que más me disgusta es el conservadurismo de estos ejecutivos al decidir mantener esta saga en una visión del mundo correspondiente a finales de los 70s del siglo XX, como si no hubiesen pasado cosas importantes desde entonces.

A Star Trek llegué más tarde, con la primera película de J.J. Abrams, Star Trek: Un nuevo comienzo. Por entonces estaba enganchado a la tele-comedia The Big Bang Theory y me reía mucho con los comentarios ingeniosos del excéntrico Sheldon Cooper sobre el Sr. Spock o las distintas series de la franquicia trekkie. Me parecía una mitología aún lejana, no era la mía. Pero siempre que veía una película (aún no me atrevía con ninguna serie) acababa con una sonrisa enorme en la cara. Star Trek me ofrecía siempre una descarga de buen rollo. Mientras que Star Wars era un cuento de hadas arquetípico con elementos futuristas, “hobbits en el espacio” como decía el escritor J.G. Ballard, Star Trek tenía un elemento de ficción especulativa más fuerte. Sus distintas especies representaban formas de ver el mundo (muy humanas por cierto) que entraban en conflicto continuamente. La galaxia de Star Trek me recordaba mucho al ciclo del Ekumen de la escritora Ursula K. Le Guin, mi referente en ciencia ficción literaria. 

Star Trek: Discovery, una de las series en curso actuales, supuso para mí una renovación de la franquicia. Una serie con sensibilidad actual, con unos efectos especiales a la altura de los tiempos, que además exploraba temas relevantes desde la óptica progresista que siempre ha caracterizado al universo trekkie. Que la protagonista fuese una mujer, además negra, la valiente e inteligente comandante Michael Burnham, apuntaba a una nueva dirección interesante y contemporánea. No obstante, lo que me enterneció definitivamente fue que por fin hubiese una pareja de protagonistas abiertamente gay, el oficial científico Paul Stamets y su novio el doctor Hugh Culber. En la tercera temporada, la nave Discovery se adentra en un futuro regresivo y hostil en el que la Federación ya no existe. Solo quedan “creyentes”, utópicos que sueñan con restablecer un tiempo de paz, justicia, esperanza y ciencia, conceptos encarnados por la Federación. La lectura desde la situación política actual de Estados Unidos y de gran parte del resto del mundo es fácil: Star Trek vuelve hablar del “ahora” desde una óptica progresista a la vez que melancólica.

Star Trek: Picard es otra serie en curso con lecturas políticas similares. Su showrunner es el escritor Michael Chabon, quien ha querido ofrecer una historia de ciencia ficción de calidad que saque de la comodidad al fandom trekkie más conservador (que, por cierto, detesta tanto Discovery como Picard).

Mi impresión es que Star Trek puede seguir hablando del presente y del futuro, incluso a personas adultas, mientras que Star Wars es actualmente un entretenimiento infantil y juvenil al que empiezan a pesarle los años. 

Siempre atesoraré el recuerdo de aquellos visionados mágicos de Star Wars con mi madre, mi hermana y mis primos en los 80s o las partidas fabulosas del juego de rol original junto a mis amigos en los 90s. 

Mientras tanto, miro hacia el futuro con mi novia Estrella, que es otra gran trekkie. Actualmente devoramos Star Trek: La serie original y estamos deseando comenzar Star Trek: La nueva generación. Quizás somos “creyentes” de Discovery. Quizás solo unos frikis sin remedio. El caso es que sabemos que en la tripulación del capitán James T. Kirk nos espera un pijama de nuestra talla. Aunque ya le he dicho a Estrella que si es de color rojo no se nos ocurra cogerlo…

Mago: La Ascensión. Edición 20 Aniversario

Este verano me llegó el resultado de un crowdfunding en el que participé unos meses antes: Mago: La Ascensión. Edición 20 Aniversario en su versión deluxe. 684 páginas de juego de rol encuadernadas en falsa piel negra, con los cantos dorados. Parecía un grimorio de las historias de H.P. Lovecraft. Y en cierto modo lo es.

Este mamotreto en su versión digital me acompañó durante el viaje que hice a Edimburgo con mi preciosa compañera Estrella. Mientras recorríamos los parajes verdes de Escocia y pasábamos unos días en la ciudad de mis sueños, Oxford, esta biblia pagana del sin par escritor Phil “Satyr” Brucato alimentaba nuestra fantasía. De una manera cómplice, nos echaba una mano para hacerla realidad.

Hay juegos de rol que son una evolución de los wargames. Otros que se asemejan a videojuegos complejos. Finalmente, hay una tercera especie que son Arte. Mago: La Ascensión pertenece a esta última categoría.

Mago: La Ascensión trata sobre personas que creen tanto en su mundo que lo hacen realidad. De gente que no se rinde, a pesar del Mundo de Tinieblas en el que habitan. También explora la tolerancia, pues los magos tienen que colaborar con gente con ideas muy distintas a las suyas para sobrevivir. Y, sobre todo, reflexiona sobre la Magia, ya se presente en forma de hechicería, arte, fe o alta tecnología; los artistas, sacerdotes y científicos también son magos a su manera.

Es un juego que requiere esfuerzo. No solo por su tamaño, sino por la complejidad del sistema de magia libre que presenta. Hasta propone su propia metafísica, que no se diferencia demasiado de las que he leído en algunos libros de espiritualidad de la Nueva Era. Con la ventaja de que en este juego todo es literatura, y en los libros de metafísica se confunde la realidad con el sueño.

En la práctica, la propuesta de Phil «Satyr» Brucato es la libertad llevada a la mesa de juegos. ¿Quieres una saga de exploraciones de otros planos de existencia? Puedes jugarla. ¿Prefieres pequeñas historias intimistas de personas con poderes en un mundo inclemente? Tienes todas las herramientas que desees para desarrollarlas. ¿Lo tuyo es la política y quieres hacer una crítica al neoliberalismo tecnocrático? Ya está tardando en leerlo.

Como me pasa con frecuencia, la nostalgia es otro factor que hace decantarme por este juego. Cuando me acerqué a él por primera vez en el año 1996, corría su segunda edición y yo pululaba por los pasillos de la facultad haciendo todo lo contrario de lo que debía. Volver a este universo de ficción es, en cierto modo, recuperar las conversaciones sobre literatura de terror que tenía con mi amigo Julio Abelenda, o recordar la imposible etapa cyberpunk del también amigo Agustín Lozano. Siempre estarán ahí, mis dos colegas, escriban, no escriban, tengan hijos, se trasladen a vivir a Lisboa o monten librerías.

No me atrevo a asegurar que llegaré a dirigir este juego. Me gustaría, sobre todo por Estrella, que se educó con Harry Potter y sería una estupenda maga de la Orden de Hermes. Pero mi constante es la inconstancia, hacer planes que después no cumplo, fantasear con posibilidades. En caso de que rompa esta regla y finalmente desarrolle una crónica, informaré debidamente en este blog.

Mientras tanto, seguiré leyendo y releyendo este juego o grimorio o como cada uno quiera llamarlo, pues tiene algo de clásico. Cada nueva aproximación, en cada nueva etapa de la vida, ilumina algún aspecto de ti y de tu mundo que antes permanecía velado.

Star Wars Rebels: Temporada 4

Anoche hice algo poco común: terminé una serie de televisión. Sí, así como lo escribo. Terminé una serie que he seguido desde el primer capítulo hasta el último, definitivamente el último, en su cuarta y ultimísima temporada.

No tiene mucho mérito, ya que es una serie de dibujos animados de la Malvada Corporación Disney. Ójala hubiese sido la sesuda Breaking Bad o la elegante Mad Men, incluso la obligatoria a la par que deprimente The Handmaid’s Tale. Pero no, a estas alturas cotizo poco en el mercado de referencias intelectuales. He disfrutado como un chaval viendo el desenlace de Star Wars Rebels.

Desde que la Malvada Corporación Disney se hizo con la franquicia galáctica ha pasado de todo. No voy a hacer una reflexión al respecto, excepto señalar que la mayor parte de la gente ajena al fandom está saturada de este universo ficticio y que si la cosa sigue así, los ejecutivos disneisianos van a conseguir que esta lejana galaxia implosione. Creo que muchos haters pagarían por verlo.

Me atrevo a decir que Star Wars Rebels es el mejor producto audiovisual de la etapa Disney de la franquicia galáctica. Simplemente por un motivo: porque conserva intacta toda la magia que tenían las películas originales, como si no se hubieran sumado capas y capas de historias innecesarias a la idea de partida.

En muchas ocasiones pienso en cómo introducir a mis sobrinas Amelia y Berta en esta mitología. Me sigue pareciendo que la mejor forma es ponerles la trilogía original, aunque para unas niñas del siglo XXI quizás resulte cine muy antiguo, con unos efectos especiales rancios. Las precuelas que hizo George Lucas son para seguidores hardcore, con demasiada política y muy poco cine. Considero que la nueva trilogía, estando diseñada para la generación de nuestros hijos, es directamente una porquería: una mala copia de las películas clásicas y sin gracia.

Creo que Star Wars Rebels tiene todo lo que a un niño le puede entusiasmar: héroes carismáticos, villanos estupendos, una aspecto visual sobresaliente y mucho sentido de la maravilla. Te puedes enamorar de guerreras valientes como la mandaloriana Sabine Wren, de estudiantes de la Fuerza dubitativos como Ezra Bridger o de alienígenas forzudos como Garazeb «Zeb» Orrelios. También puedes temblar de miedo con el siniestro Gran Inquisidor o rendirte ante la maldad con estilo del Gran Almirante Thrawn. Hay héroes y villanos para todos los gustos.

Para los que llevamos más tiempo en esto (¡ejem!, toda la vida…) Star Wars Rebels profundiza en los secretos de la galaxia, presentando nuevos mundos, personajes atractivos y, sobre todo en la última temporada, aspectos de la Fuerza nunca antes mostrados. Solo por permitirnos ver los secretos que guarda un templo jedi en su interior, los brillantes guionistas de la serie se han ganado un trocito de mi corazón.

Más información: https://es.wikipedia.org/wiki/Star_Wars_Rebels