NO PASARÁN

Gotas de lluvia se deslizan,
ya sin ira, al otro lado del cristal.
La tormenta queda en la retina.
El abrazo ardiente de los leños
y un paladar tan suave como amargo
parecen atarnos a este rincón.

Es extraño vernos aquí
lejos del aroma a café barato,
de los juegos de palabras primaverales,
de las máscaras sin tragedia
que vestimos arrogantes e ingenuos.

Mientras, cae tu voz dócilmente
exenta de violencia y utopía,
como un río encauzado.

¿Dónde queda el rumor libre,
aquel “no pasarán”
contra el presente autómata,
contra su sordidez?

“No pasarán”.
¡Qué palabras tan poderosas!
¡Qué lento mantra
en medio de las cifras
y la velocidad!

“No pasarán”,
Por más que estuvieran pasando
una y otra vez
llevándose consigo
cualquier país para el deseo.

Aunque la historia ya no importe,
aunque ahora estemos hechos
-por lo tanto, deshechos-
recuerdo el lema con nostalgia.

El tiempo me ha vuelto niebla muy tenue.
La experiencia, en vez de llenarme,
me vació de la verdades de los otros.

Por eso, te ruego un “no pasarán”
quizás el último,
pues no apetece lo veraz,
sino otro ensueño poderoso,
un lugar donde encajar viejos anhelos.

Ya sabes que una ficción repetida
sobre todo cuando es hermosa,
puede suplantar al recuerdo.

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