LA HORA MECÁNICA

Ahora que ya no os veo,
recuerdo el fuego en nuestro claro,
las canciones que coreábamos,
las leyendas encarnadas,
actores, poetas, cuentistas,
orgullosos, felices
por este sino compartido.

Vocación de héroes,
nunca nos amanecía
sin un gran sueño,
sin una gran mentira
mejor que la verdad.

Pero entonces apareció el número
con su prisa y amargura.
Llegaron los currículums
como venta de esclavos,
el potro y la hipoteca,
las crucifixiones atléticas.
Fuimos condenados a la vigilia,
a las ciudades dormitorio,
a la comida sin sabor,
al olvido de sí.

Abandonamos nuestro fuego
y la canción se hizo silencio.

Hoy estoy aquí para recordaros
que el claro permanece incólume.
El hidromiel de los versos aún fluye.
El dragón sigue acechando a Beowulf.

Por eso sigo aquí,
bardo por elección o por condena,
bárbaro en la hora mecánica,
aguardando vuestro regreso
cuando el neón no os deje respirar
y la penumbra os susurre al oído
mitos para saciar la sed.

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