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Entrevista en “Dehesa de papel”

Mis amigos de Dehesa de papel me han hecho una entrevista en la que hablamos de poesía, juegos de rol y tertulias literarias entre otros temas. Podéis leerla en el siguiente enlace:

“Los clubes de lectura y las tertulias literarias son necesarios para que la cultura escrita permanezca sana y no se ensimisme.”

La Feria del Libro de 2021

Tras meses de renuncia a la vida social por culpa de la pandemia, este fin de semana tengo la sensación de que todo empieza a normalizarse poco a poco.

Durante este fin de semana y el próximo se desarrolla la Feria del Libro de Badajoz y dentro de su catálogo de actividades mis amigos de Aristas Produce han creado un espacio multidisciplinar llamado La Tecla Ilustrada con una oferta de propuestas muy sabrosa.

Ayer sábado por la mañana estuve en el taller de relatos que impartía Pablo Mazo, profesor de la Escuela de Escritores y agente cultural a nivel nacional. Me acompañaron dos amigos de nuestra tertulia literaria, la poeta Elisabet Barraya y el bloguero Samuel Grueso. Fue una clase magistral concentrada sobre los fundamentos de la narrativa, adornada de ejemplos que incluían desde la literatura fantástica al realismo sin hacer ascos a nada. Como actividad práctica, escribí el microrrelato que comparto al final de esta entrada.

Tras el taller, improvisamos una tertulia a la que se añadieron los historietistas Fidel Martínez y Alberto Peral.

Ya por la tarde, Pablo Mazo nos dio una conferencia sobre la desventurada biografía de Edgard Allan Poe acompañada de la música jazz de los discos de pizarra de Mareike Philipp. También pudimos probar el brebaje favorito de Poe, el Mint Julep, un cóctel basado en bourbon que pegaba muy fuerte.

A media tarde asistí a una lectura poética de Ben Clark, un poeta exquisito al que intento escuchar siempre que viene a la ciudad. Ben Clark escribe una poesía muy diferente a la mía, de gran calidad estética y sobriedad. Suele leer en sus recitales un poema dedicado a un amigo de infancia, hijo de hippies británicos como él, y que se quitó la vida con veinte años, que me pone los pelos de punta.

Más tarde disfruté de la presentación de la colección de cuentos De puro meteoro del poeta y narrador Antonio Rómar. Antonio se acercó a saludarme afectuoso y, dentro de mi despiste, no fui capaz de recordar cuándo lo había conocido. En la presentación leyó uno de sus poemas y entonces caí en que lo escuché en una Noche en Blanco loquísima de hace unos años. Aquella noche estuvimos juntos un puñado de poetas y amantes de la poesía recorriendo monumentos de Badajoz y leyendo versos desde ellos. Sus poemas me gustaron mucho.

Para acabar la jornada nos fuimos todos juntos a cenar y tuve la suerte de sentarme al lado de Ben Clark. Fue una gozada poder escuchar a este poeta hablar de temas de actualidad del mundo editorial o de sus preocupaciones de cómo hacer llegar la poesía hasta un público joven. Más tarde, comentamos un poco de todo y terminamos riéndonos todos con una anécdota de Cisco Bellabestia sobre Luis Aguilé.

Solo puedo decir que este fin de semana rodeado de poetas, narradores, editores y amigos me ha devuelto a la vida. Espero que sea el comienzo del regreso de la “normalidad normal”.

Microrrelato de la Feria del Libro de 2021:

La visita.

Presentación de “Notas para no esconder la luz”

Es difícil escribir sobre un libro de un poeta al que consideras un referente. Aún más si ese libro te ha entusiasmado. Pues este es el caso de Notas para no esconder la luz de mi amigo Faustino Lobato.

Siempre le agradeceré al autor que leyese atentamente mis dos primeros poemarios publicados y que me invitase a formar parte de la Tertulia Literaria Página 72, interrumpida actualmente a causa de la pandemia. Todos esperamos que este mal trago pase pronto y podamos recuperar nuestras reuniones.

Notas para no esconder la luz surge a partir de una experiencia del poeta en un viaje al parque natural de Cabo de Gata. De alguna manera, el autor se encuentra allí con la luz, quizás como no lo había hecho antes. A partir de aquí decide hacer una reflexión sobre la luz en su propio contexto, Badajoz.

El libro está dividido en tres capítulos en los que despliega una reflexión particular sobre lo luminoso a lo largo del día, mañana, mediodía, noche. Hay espacio en cada capítulo para la presencia de su querido Alentejo portugués, lugar donde el autor asegura que la luz se despide de su vista. Como homenaje, el poema inicial de cada capítulo está traducido al portugués. También hay sitio para la metapoesía, la reflexión sobre la poesía dentro del propio poema.

Si me lo permite Faustino, me atrevo a definir este poemario como una mística de lo cotidiano. “Mística” porque el poeta busca la luz mediante la palabra consciente pero también siente y padece el peso de las sombras. Se rebela ante esta oscuridad y vuelve a centrar su mirada en una suerte de meditación lírica constante. Por momentos parece tocar levemente esa claridad anhelada, pero rápidamente se vuelve a escurrir entre sus dedos. “Cotidiana” porque es una mística sin religión, laica y humanista, basada en la experiencia profunda de una vida normal y corriente. Se aprende del libro de Faustino que esa luz nos aguarda en los pequeños gestos del día a día,  en los paisajes de nuestra pequeña ciudad, en los vecinos que nos encontramos en un paseo, en nuestra persona amada. No hay espacio para la grandilocuencia sino solo para la lucidez y el verbo sereno. 

No es fácil descubrir, aunque la busco,

la dulce costumbre de trabajar poesías

donde el solo respirar

se convierte en oración.

Son versos en los que acto estético se transforma en contemplativo, una auténtica colección de haikus alentejanos.

Les invito a la retransmisión a través de Facebook de la lectura de varios fragmentos de este libro espléndido. Tendrá lugar este jueves 26 de noviembre, a las 19:30 horas, desde la Librería Tusitala. La introducirá el librero, escritor y también amigo Agustín Lozano. Después tendremos un pequeño diálogo Faustino y yo para pasar rápidamente al recital.

¡Os esperamos!

Más información:

Notas para no esconder la luz en la web de Faustino Lobato.

Sofía

¿Y si Dios tuviese una faceta femenina?¿Y si el Padre celestial fuese también Madre terrenal? 

Existe una figura sagrada en la tradición esotérica cristiana que es Sofía, el aspecto femenino de Dios. A ella no se llega a través de la teología o la filosofía sino mediante la intuición. Es celestial y trascendente, pero también terrenal e inmanente.

La primera vez que leí sobre Sofía en un contexto cristiano, aunque alternativo, fue en el libro del sacerdote anglicano y druida Shawn Sanford Beck titulado Christian Animism. El autor defendía una forma de cristianismo concienciado con la naturaleza y aseguraba estar inspirado por Sofía. El libro me pareció cálido y hermoso, sentía que hablaba mi lenguaje. Me quedé con la incógnita de qué sería esa Sofía que iluminaba una senda espiritual tan bella.

Investigué en Internet sobre Sofía, comprobando que muchas mujeres y algunos hombres la viven como una presencia real en su día a día. Finalmente, di con un libro publicado por la editorial Kairós en 1999 titulado Sofía: Aspectos de lo divino femenino, escrito por una autora desconocida para mí, Susanne Schaup. El libro estaba amarillento. Parecía que había hecho un viaje desde un pasado lejano para llegar a este presente distópico de 2020.

Al principio no me sentía cómodo con el lenguaje de la autora pues me parecía que defendía una versión del feminismo un tanto trasnochada. Pero seguí leyendo y conforme avanzaba me daba cuenta de que esta autora estaba imbuida por el espíritu sofiánico, hablando desde la intuición. Por un momento me sentí como los protagonistas de The Matrix entendiendo algo de la realidad oculta de esta simulación perversa llamada civilización patriarcal.

Soy un hombre y nunca podré entender completamente las experiencias tanto buenas como malas de una mujer. No podré tampoco percibir la realidad desde una perspectiva estrictamente femenina. Pero sí podré acompañar, ser un aliado de lo femenino. Y, en ese sentido, empiezo entender el sufrimiento, la marginación y el terror impuestos a las mujeres durante siglos de autoritarismo patriarcal.

Sofía existía antes de ser llamada Sofía por los sabios griegos. Era la gran diosa Isis de los egipcios y la Parvati de los hindúes. También fue la Pachamama andina o la Kannon de los budistas japoneses. Pero hay una manifestación de Sofía que me fascina especialmente: Lilith, la diosa de la Antigüedad que se rebela contra el orden patriarcal y es condenada por ello,  convertida por las autoridades eclesiales en una entidad demoníaca. Lilith representa los aspectos ocultos y oscuros, que no malvados, de lo femenino. Está enfadada, y con razón, ante siglos de injusticias hacia las mujeres. El patriarcado la teme y las culturas alternativas la tienen como patrona.

En mi entorno, la manifestación sofiánica más evidente es la Virgen María del catolicismo. Esta santa ha servido como modelo de virtud a generaciones de mujeres españolas, y solo por eso se merece un gran respeto. Otra cosa es que la Iglesia católica haya utilizado su imagen para imponer su agenda de sometimiento ideológico, destacando como única virtud positiva de la mujer la sumisión mariana a la voluntad de Dios. Habría que rehabilitar a María quitándole las capas de caspa sacerdotal que ahora pesan sobre sus hombros.

Sofía es espíritu y cielo, pero también cuerpo y tierra. En ese sentido conecta con la Gaia de la religión neopagana, especialmente en su vertiente wiccana. Las autodenominadas “brujas” del neopaganismo son normalmente mujeres que basan su sabiduría en los viejos caminos de la intuición, no en los libros. Su conexión con el divino femenino es profunda y suele conllevar un respeto grande por la vida en todas sus manifestaciones. Comprenden la sabiduría de la tierra y del cuerpo, con su fluir cíclico, y la honran.

El mundo actual está necesitado de equilibrio entre los polos yin y yang, femenino y masculino, oscuro y luminoso, negativo y positivo. Para llegar a ese equilibrio, hombres y mujeres deberíamos practicar una suerte de alquimia espiritual en la cual hubiese una aceptación y respeto tanto de nuestros aspectos femeninos como masculinos. Creo que esta alquimia es más difícil en  el caso de los hombres, ya que se nos educa para negar cualquier rastro de feminidad y entender el universo desde un frío y mecánico racionalismo. Estamos necesitados de despertar nuestra intuición y reconocer el aspecto yin que siempre habita en nosotros en un grado u otro.

Voy a seguir estudiando a Sofía, ya que esta figura sagrada me reconcilia con la religión cristiana a la vez que me permite establecer un puente con la religión neopagana por la que cada vez siento mayor interés.

Aunque lo más importante que he aprendido de mis investigaciones sobre este tema es que hay que ser sofiánico en el día a día, no solo en la teoría. Honrar lo femenino con cada acto, con cada palabra, con cada comprensión. Ese es un reto importante para un hombre del siglo XXI. Cada pequeña acción en ese sentido es un paso grande en la pacificación de un mundo convulso.

Más información:

Sofía: Aspectos de lo divino femenino. Susanne Schaup. Kairós, 1999.

Humanismo panenteísta revisado

Hace un año publiqué en esta web un pequeño ensayo titulado Humanismo panenteísta en el que presentaba una aproximación a mi marco de referencia filosófico y espiritual.

Me ha parecido oportuno revisarlo y añadir unas líneas más basadas en mis últimas lecturas y experiencias. Aunque lo esencial del texto permanece intacto, creo que esta revisión se ajusta mejor a lo que a día de hoy pienso y siento.

Si tenéis un ratito para leer un ensayo corto pero con contenido filosófico, estaré encantado de compartir este mapa de mi territorio con todos vosotros. Podéis encontrarlo aquí: Humanismo panenteísta (2020).