Una tertulia en tiempos de pandemia

Ayer tuvimos la primera reunión física de nuestra tertulia actual, tras el paréntesis que ha significado la pandemia. Estuvimos solo cuatro personas, en una terraza para que corriera el aire y con nuestras mascarillas. Fue agradable comprobar que todos estamos intentando recuperar las costumbres anteriores al COVID muy poco a poco, con sensatez.

Esta actual encarnación de nuestra tertulia fue creada en enero de 2020 con la idea de que nos viésemos presencialmente el primer jueves de cada mes. Ni nos imaginábamos lo que iba a suceder en todo el mundo muy poco tiempo después. Cuando la pandemia asoló la realidad tal como la conocíamos, el grupo de WhatsApp que habíamos creado para cerrar nuestras citas se transformó en la tertulia en sí.

Estábamos asustados, ansiosos, preocupados, deprimidos, y conforme avanzaba el confinamiento, aburridos. Pero siempre podíamos entrar en nuestra tertulia virtual para comentar alguna majadería, compartir un meme simpático o incluso sorprender con un artículo realmente interesante. El sector más cientifista de la tertulia hacía gráficas de la evolución del virus, las compartía y las discutía. El sector más new age hacíamos privados para comentar interpretaciones espirituales de lo que estaba ocurriendo.

Hubo ocasión para el humor y para las discusiones bizantinas de toda índole. Desgraciadamente, la tensión se fue acumulando con los meses, empezó a advertirse una crispación generalizada y los posicionamientos políticos se volvieron intransigentes. La política hizo todo lo posible para que la tertulia desapareciese, pero al final la amistad fue más fuerte. Creo que todos aprendimos que la política es un tema que en 2021 desune y mucho.

Espero que conforme todo el mundo esté vacunado regresen las ganas de hacer reuniones presenciales. También sería bueno, como ha señalado el tertuliano Samuel Grueso, que recuperásemos las propuestas de lecturas literarias para cada encuentro. Hablar de un relato que acabamos de leer todos es siempre un buen punto de partida. También obligarte a leer autores desconocidos ayuda a seguir formándote como lector.

Hasta que la situación se normalice del todo, os doy las gracias a los amigos y tertulianos que habéis estado conectados durante este año y medio tan difícil. Creo que, al margen de algunos momentos desagradables, por lo general nos hemos hecho la vida más llevadera. Y no nos hemos sentido solos del todo en ningún momento.

RuneQuest

El primer juego rol que dirigí, muy a principios de los 90s, estaba ambientado en la alta edad media, era muy realista y describía tres tipos de magia con una cierta base en las prácticas esotéricas del mundo real. Se trataba de la edición de RuneQuest publicada en España por Joc Internacional.

Ahora pienso que la manera que tenía este juego de enfocar la fantasía influyó mucho en mis intereses posteriores, tanto lúdicos como literarios. A lo largo de los 90s jugué a otros juegos de rol de fantasía, incluyendo (Advanced) Dungeons & Dragons, pero sus sistemas de reglas y su falta de realismo nunca me convencieron del todo. No era capaz de sumegirme en aquellos mundos como con RuneQuest.

El mes pasado tuve el placer de leer la última edición del juego, publicada en 2018: RuneQuest: Aventuras en Glorantha. Ha sido una experiencia muy grata, al reencontrarme con el mismo sistema de reglas que incendió mi imaginación adolescente pero enraizado al fabuloso mundo de Glorantha y con un aspecto visual de matrícula de honor. Este juego es la obra maestra de Greg Stafford, ideador de Glorantha y autor de otro clásico rolero, Pendragón, el mejor juego que se ha escrito sobre el Ciclo Artúrico. A lo largo de esta edición de RuneQuest se te invita a jugar a rol como una forma de vivir los mitos sin que nadie salga perjudicado. La influencia de la obra ensayística de Joseph Campbell en sus páginas es evidente. Pero su auténtico espíritu mentor, sin duda, es Jung. Las runas de este juego, tal como son descritas, son los arquetipos junguianos. Y hay más préstamos de la psicología analítica, como que los chamanes “despiertan” un espíritu que los acompaña llamado ánima.

Glorantha es un mundo de fantasía original por muchos motivos. El más notable es que está situado en una Edad de Bronce imaginaria, evitando las influencias de la Edad Media europea y de mi querido Tolkien. Es también muy reseñable que la mitología de Glorantha es barroca, colorista, densa y sólida, dialogante con varias culturas del mundo real, principalmente de la antigüedad y de Oriente. Greg Stafford practicaba el chamanismo y era un apasionado del estudio de las religiones comparadas. Su erudición y su comprensión de la materia se despliegan en su obra.

Como al leer algo que me inspira lo conecto con mi propia obra, he desempolvado el manual de OpenQuest, una versión minimalista de RuneQuest, y el mundo de mi propia cosecha que empecé a esbozar para este juego: Crónicas de Kuaron. En estos momentos me veo trabajando a la vez en Glorantha y en Kuaron. Kuaron es una fantasía más clásica, bastante influida por Tolkien y por Juego de tronos. No obstante, el primer RuneQuest que dirigí late en el fondo; la mitología de Kuaron tiene puntos en común con la de Glorantha.

No sé a dónde me llevará este reencuentro con RuneQuest. Me gustaría dirigir algunas buenas partidas a Glorantha y que mi sueño de ver publicado un manual sobre Kuaron se haga por fin realidad. Cruzaré los dedos. O, mejor, rezaré a Orlanth.

Más información:

RuneQuest: Aventuras en Glorantha.

OpenQuest

La Feria del Libro de 2021

Tras meses de renuncia a la vida social por culpa de la pandemia, este fin de semana tengo la sensación de que todo empieza a normalizarse poco a poco.

Durante este fin de semana y el próximo se desarrolla la Feria del Libro de Badajoz y dentro de su catálogo de actividades mis amigos de Aristas Produce han creado un espacio multidisciplinar llamado La Tecla Ilustrada con una oferta de propuestas muy sabrosa.

Ayer sábado por la mañana estuve en el taller de relatos que impartía Pablo Mazo, profesor de la Escuela de Escritores y agente cultural a nivel nacional. Me acompañaron dos amigos de nuestra tertulia literaria, la poeta Elisabet Barraya y el bloguero Samuel Grueso. Fue una clase magistral concentrada sobre los fundamentos de la narrativa, adornada de ejemplos que incluían desde la literatura fantástica al realismo sin hacer ascos a nada. Como actividad práctica, escribí el microrrelato que comparto al final de esta entrada.

Tras el taller, improvisamos una tertulia a la que se añadieron los historietistas Fidel Martínez y Alberto Peral.

Ya por la tarde, Pablo Mazo nos dio una conferencia sobre la desventurada biografía de Edgard Allan Poe acompañada de la música jazz de los discos de pizarra de Mareike Philipp. También pudimos probar el brebaje favorito de Poe, el Mint Julep, un cóctel basado en bourbon que pegaba muy fuerte.

A media tarde asistí a una lectura poética de Ben Clark, un poeta exquisito al que intento escuchar siempre que viene a la ciudad. Ben Clark escribe una poesía muy diferente a la mía, de gran calidad estética y sobriedad. Suele leer en sus recitales un poema dedicado a un amigo de infancia, hijo de hippies británicos como él, y que se quitó la vida con veinte años, que me pone los pelos de punta.

Más tarde disfruté de la presentación de la colección de cuentos De puro meteoro del poeta y narrador Antonio Rómar. Antonio se acercó a saludarme afectuoso y, dentro de mi despiste, no fui capaz de recordar cuándo lo había conocido. En la presentación leyó uno de sus poemas y entonces caí en que lo escuché en una Noche en Blanco loquísima de hace unos años. Aquella noche estuvimos juntos un puñado de poetas y amantes de la poesía recorriendo monumentos de Badajoz y leyendo versos desde ellos. Sus poemas me gustaron mucho.

Para acabar la jornada nos fuimos todos juntos a cenar y tuve la suerte de sentarme al lado de Ben Clark. Fue una gozada poder escuchar a este poeta hablar de temas de actualidad del mundo editorial o de sus preocupaciones de cómo hacer llegar la poesía hasta un público joven. Más tarde, comentamos un poco de todo y terminamos riéndonos todos con una anécdota de Cisco Bellabestia sobre Luis Aguilé.

Solo puedo decir que este fin de semana rodeado de poetas, narradores, editores y amigos me ha devuelto a la vida. Espero que sea el comienzo del regreso de la “normalidad normal”.

Microrrelato de la Feria del Libro de 2021:

La visita.

Entrevista en “Dehesa de papel”

Mis amigos de Dehesa de papel me han hecho una entrevista en la que hablamos de poesía, juegos de rol y tertulias literarias entre otros temas. Podéis leerla en el siguiente enlace:

“Los clubes de lectura y las tertulias literarias son necesarios para que la cultura escrita permanezca sana y no se ensimisme.”

Presentación de “Notas para no esconder la luz”

Es difícil escribir sobre un libro de un poeta al que consideras un referente. Aún más si ese libro te ha entusiasmado. Pues este es el caso de Notas para no esconder la luz de mi amigo Faustino Lobato.

Siempre le agradeceré al autor que leyese atentamente mis dos primeros poemarios publicados y que me invitase a formar parte de la Tertulia Literaria Página 72, interrumpida actualmente a causa de la pandemia. Todos esperamos que este mal trago pase pronto y podamos recuperar nuestras reuniones.

Notas para no esconder la luz surge a partir de una experiencia del poeta en un viaje al parque natural de Cabo de Gata. De alguna manera, el autor se encuentra allí con la luz, quizás como no lo había hecho antes. A partir de aquí decide hacer una reflexión sobre la luz en su propio contexto, Badajoz.

El libro está dividido en tres capítulos en los que despliega una reflexión particular sobre lo luminoso a lo largo del día, mañana, mediodía, noche. Hay espacio en cada capítulo para la presencia de su querido Alentejo portugués, lugar donde el autor asegura que la luz se despide de su vista. Como homenaje, el poema inicial de cada capítulo está traducido al portugués. También hay sitio para la metapoesía, la reflexión sobre la poesía dentro del propio poema.

Si me lo permite Faustino, me atrevo a definir este poemario como una mística de lo cotidiano. “Mística” porque el poeta busca la luz mediante la palabra consciente pero también siente y padece el peso de las sombras. Se rebela ante esta oscuridad y vuelve a centrar su mirada en una suerte de meditación lírica constante. Por momentos parece tocar levemente esa claridad anhelada, pero rápidamente se vuelve a escurrir entre sus dedos. “Cotidiana” porque es una mística sin religión, laica y humanista, basada en la experiencia profunda de una vida normal y corriente. Se aprende del libro de Faustino que esa luz nos aguarda en los pequeños gestos del día a día,  en los paisajes de nuestra pequeña ciudad, en los vecinos que nos encontramos en un paseo, en nuestra persona amada. No hay espacio para la grandilocuencia sino solo para la lucidez y el verbo sereno. 

No es fácil descubrir, aunque la busco,

la dulce costumbre de trabajar poesías

donde el solo respirar

se convierte en oración.

Son versos en los que acto estético se transforma en contemplativo, una auténtica colección de haikus alentejanos.

Les invito a la retransmisión a través de Facebook de la lectura de varios fragmentos de este libro espléndido. Tendrá lugar este jueves 26 de noviembre, a las 19:30 horas, desde la Librería Tusitala. La introducirá el librero, escritor y también amigo Agustín Lozano. Después tendremos un pequeño diálogo Faustino y yo para pasar rápidamente al recital.

¡Os esperamos!

Más información:

Notas para no esconder la luz en la web de Faustino Lobato.