Ursula

Esta mañana me he levantado con una noticia muy triste. Ursula K. Le Guin, la gran escritora de ciencia ficción, fallecía el lunes a los 88 años en su casa de Portland.

No voy a hacer un repaso por su obra, ya que muchos lo están haciendo en este momento, casi seguro que mejor de lo que yo podría.

Me gustaría expresar mejor lo que Ursula y su obra significan para mí.

En cuanto a escritora, Ursula representaba el humanismo en la literatura de ficción especulativa. Su enfoque de la fantasía y la ciencia ficción siempre se acercó más a la filosofía, la psicología y la sociología que a la ciencia y la tecnología. Soñaba con mundos alternativos en los que los protagonistas, casi siempre dotados de psicologías convincentes y de una gran humanidad, hacían frente a dilemas éticos y filosóficos o  a retos sociológicos. No le interesaba la violencia, y en su saga de fantasía, Terramar, las aventuras eran sobre todo espirituales; rara vez se vertía sangre.

En cuanto a mujer, Ursula fue una persona avanzada que introdujo en el lenguaje más bien machista y conservador de la ciencia ficción dos palabras: feminismo y anarquismo. Fue una abanderada de  ambas filosofías, y desarrolló largamente sus posibilidades teóricas en sus novelas, relatos y discursos. Pero Ursula no era una mujer indignada sino tranquila, en parte porque seguía los principios del taoísmo; gracias a ella tenemos una de las mejores traducciones del Tao Te Ching, el libro principal de esta corriente de sabiduría oriental.

A principio de la década del 2000, cuando yo era todavía joven y me planteaba empezar a escribir, solía hacer listas de cosas: libros por leer, relatos por escribir, revistas a las que mandar mis relatos, etc. Una de estas listas, cómo no, era la de mis autores favoritos de ciencia ficción. Tuvo varias versiones, pero siempre hubo tres autores que no cambiaban y que estaban a la cabeza: Ursula K. Le Guin, Ray Bradbury y Philip K. Dick. El lunes, mi amiga Ursula dejó este mundo, que viendo su deriva seguro que le resultaba ya muy feo, y entró en un parnaso doble: el de los autores inmortales de la ficción especulativa y el de los grandes autores norteamericanos del siglo XX.

Aunque ya no estés aquí físicamente, te seguiré leyendo, amiga Ursula. Tu narrativa fantástica, literaria a la vez que serena, seguirá siendo un modelo para escritores actuales y por venir. Tu vida, consagrada a poner lo mejor del ser humano en valor, es un ejemplo muy necesario en una época en la que el nihilismo y el hedonismo más estúpido campan a sus anchas.

Siempre te tendré en el corazón, contadora de mitos.

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