Los últimos Jedi o cómo sentirse viejo de una manera muy tontorrona

Soy un fan sin remedio de Star Wars. Mis familiares y amigos lo sufren, unas veces en silencio y otras haciéndomelo saber.

El hecho de que Disney comprase los derechos de la franquicia y se pusiese a vender películas, dibujos animados y muñequitos a cascoporro me pareció la mejor manera de revitalizar la saga y proporcionarme la cantidad de juguetes al año que como buen fan necesito. En ese ardor friki me hice con los tres juegos de rol que hay ahora a la venta y empecé a dirigir una campaña un tanto perversa para mi club de juegos de mesa, en el sentido que le quise dar un tono adulto que los productos oficiales no tienen. Pero esta entrada trata sobre cine, no sobre coleccionismo, así que no voy a seguir desviándome del tema.

En cuanto a las nuevas películas con el sello Disney, fui al estreno de El despertar de la Fuerza (2015) con emoción y Rogue One (2016) me cautivó en el segundo visionado. No obstante, Los últimos Jedi (2017) me ha dejado con un sabor agridulce. Y no debido precisamente a la falta de pericia del director Rian Johnson, pues creo que ha rodado uno de los mejores episodios de la saga. Mis motivos son, de nuevo, sentimentales.

Luke Skywalker siempre fue mi personaje favorito de la saga. El mito de ese niño de un planeta inmundo que terminaba convirtiéndose en el último Caballero Jedi me ha acompañado durante toda la vida. La mayor parte de los chavales de mi generación querían ser Han Solo, pero yo prefería a Luke, vestido como un cura en El retorno del Jedi (1983), haciendo increíbles proezas de la Fuerza y salvando finalmente al monstruo de su padre de su condena espiritual.

Pues bien, en esta última película resulta que Luke ha fracasado por completo como Jedi; ha ayudado a crear al ser más poderoso del Lado Oscuro del momento, su sobrino Kylo Ren; es tal su decepción vital que se ha retirado a una isla en un planeta perdido donde unas monjas alienígenas parecen hasta lavarle la ropa y, lo peor de todo, se ha desconectado de sus responsabilidades hacia el resto de la galaxia.

Todo esto sería un tremendo desatino con respecto al personaje si no fuese porque esta película habla de algo que no nos suele gustar a los fans de Star Wars: dejar morir el pasado y abrirse a lo nuevo.

Cada vez tengo más claro que la nueva trilogía no está hecha para las personas de mi quinta (la desaparecida para los medios Generación X), sino para nuestros hijos. En el nuevo universo de Star Wars, la religión es innecesaria, pues Rey es capaz de ser una Jedi completa sin ningún tipo de formación y, mejor aún, sin adoctrinamiento. El cuidado por las especies alienígenas no inteligentes se convierte en un eco de la lucha de los animalistas en el mundo real. Los personajes realmente importantes son mujeres fuertes que continúan de forma natural e intuitiva el legado de la Orden Jedi o dirigen con pasión y determinación lo que queda de la maltrecha Resistencia. No hay ya espacio para viejas estructuras heteropatriarcales como un Consejo Jedi compuesto casi únicamente por representantes masculinos.

Mi conclusión tras ver Los últimos Jedi es que el mundo de mi infancia se ha acabado para dar el relevo al mundo de la infancia de nuestros hijos y sobrinos, un lugar muy diferente con otras reglas, otra forma de hacer las cosas más igualitaria y otros héroes más diversos en cuanto a orígenes genéricos y étnicos.

En este momento me siento como ese Luke envejecido, el último representante de una religión que nadie recuerda ni necesita, con un cierto sabor a fracaso en la boca, pero dispuesto a echar una mano a la galaxia cuando realmente se me necesite. Si es que eso está realmente por ocurrir. Si no, seguiré bebiendo mi leche verde de león marino interplanetario y trataré de no dar más trabajo de la cuenta a las pobres monjas alienígenas.

Un comentario en “Los últimos Jedi o cómo sentirse viejo de una manera muy tontorrona”

  1. Estoy muy de acuerdo con tu análisis, aunque tal vez seas demasiado benevolente con los nuevos tiempos. Como afirman en esta crítica de Jot Down (http://www.jotdown.es/2018/01/in-memoriam-star-wars/), el reboot de Star Wars no va dirigido tanto al actual público infantil como al actual público ADOLESCENTE, en la línea del sub-cine de superhéroes que arrasa en taquilla. Y el adolescente malcriado de hoy en día (aquí voy a ponerme tan viejuno como irascible) no tiene paciencia para aprender, por lo tanto, para qué mostrar el aprendizaje de Rey: ya nace sabiendo, qué tontería, y sus poderes son innatos cual mutante en ropa de colorines. Lógicamente, su antagonista es también un engendro hiper-adolescente, enfadica y musculado: Kylo Ren, o la versión teenager de Cristiano Ronaldo… o tempora, o mores, que dijo el clásico.

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